Los días 8 y 10 de abril, como todos los años desde que nacimos, celebramos nuestros cumpleaños. En este caso eran 34 primaveras que cumplimos ambos, de casualidad y por suerte, con 1 día de diferencia (yo mayor que Pablo, es por eso que le exijo respeto y obediencia, no es porque yo sea muy mandona). Y como somos de esas personas a las que no les importa cumplir años, al menos de momento, porque pensamos que nos conservamos extremadamente bien y que los estamos aprovechando al máximo, pues lo celebramos lo mejor que pudimos dadas las circunstancias. Y cuales eran las circunstancias? Las siguientes:
Llegamos a Salta desde Posadas por la mañana, de nuevo después de un durísimo viaje de 18 horas en autobús que no era cama y que costó más de 70 €. Nos fuimos hasta la plaza central del pueblo y yo me quedé en la oficina de información turística con las maletas mientras que Pablo se fue a buscar un hostel decente a un precio razonable. El pobre volvió al cabo de una hora, con su resfriado terrible y la nariz roja como Rudolf y desesperado porque no había encontrado nada que, como mínimo, estuviera limpito. Los hostels de la ciudad dejaban mucho que desear y la habitación costaba mínimo 18 €. Lo dejé descansando y me fui yo a buscar esta vez. Me recorrí media ciudad preguntando pero finalmente encontré uno junto a la calle florida, la peatonal del centro, a 18 € la habitación sin baño pero muy limpia y muy bien iluminada y aireada. Así que fui a buscar a Pablito y le dije la ansiada frase: coge las cosas que ya tenemos hotel. Nos fuimos a comer a un sitio muy modesto pero que nos recomendó un policía y que, aunque cutre de aspecto, la comida era rica y abundante, por 9 euros nos comimos un cuarto de pollo asado con puré de patatas cada uno y una cocacola de litro y medio. Madre mía, siguiendo los consejos de Jordi comemos siempre con cocacola, que según él lo mata todo y es el secreto para estar siempre bien del estómago, y el caso es que yo estoy estupendamente, claro que no se si es la cocacola o la felicidad de estar de vacaciones.
Pasamos en Salta sólo un día porque es una ciudad con un centro pequeñito que se pasea cómodamente. Como en casi todas las ciudades tiene una plaza central con la Catedral, el Ayuntamiento, el teatro y algunas cosas más, un convento muy bonito y una iglesia con una fachada barroca impresionante.
LA CATEDRAL CON EL EDIFICIO DEL OBISPADO AL LADO