Publicamos este post cuando se cumplen 9 meses desde que salimos de casa.
El bus desde Siem Reap a Phnon Penh tardó 6 horas y costó 5$, el bus pasable pero durante 6 horas tuvimos que escuchar a máximo volumen dos películas de Kárate y luego una pareja tipo pimpinela contando chistes y cantando canciones. Para nosotros no era para nada gracioso, porque ya nos dolía hasta la cabeza, pero todos los camboyanos del autobús iban muertos de risa.
Para hablar de Phnon Penh, y de Camboya en general, hay que echar la vista atrás y recordar uno de los episodios más oscuros de la historia de la humanidad. Entre los años 1975 y 1979, durante 3 años, 8 meses y 20 días, los Jemeres Rojos instauraron, bajo el mando de Pol Pot, un régimen comunista sanguinario que acabó con la vida de más de 2 millones de personas en los campos de la muerte, una cuarta parte de la población total del país. Durante éste periodo se obligó a toda la población a abandonar las ciudades y emigrar al campo para trabajar en tierras comunales, se cerraron las escuelas y los hospitales (de los que echaron hasta a los enfermos), se quitó de la circulación todo el dinero, se prohibió cualquier signo de cultura y de religión, se prohibió usar el coche, y se asesinó a todos los intelectuales, artistas, sospechosos de tener estudios, los que hablaban otros idiomas, población civil inocente, mujeres, niños, ancianos... hasta a aquellos que llevaban gafas. Fueron terriblemente torturados y asesinados. De ésto hace 30 años, toda la población mayor de ésta edad vivió aquella tragedia en primera persona, se dice que todo el mundo en Camboya tiene algún familiar que fue asesinado, violado o torturado durante esta época. Es una historia terrible y demasiado reciente. Pol Pot murió en 1998 sin haber pagado por sus crímenes y hoy en día algunos líderes se mantienen en prisión esperando ser juzgados.
Eso, junto con los largos conflictos armados con los países vecinos, ha dejado un país sembrado de minas antipersonas y miles de mutilados. Lo más impresionante de Camboya es que es un país muy pobre y donde por las calles los mutilados se pasean por cientos pidiendo limosna o vendiendo cualquier cosa. Ni en la India vi tantos mutilados, es trágico y terrible. Pero a pesar de todo eso, los camboyanos son gente amable y alegre. Siempre sonríen, te tratan con educación. Parece imposible que después de lo que han vivido se comporten de esa forma. Es un pueblo que intenta salir adelante olvidando su pasado, más dedicado a sobrevivir que a mirar hacia atrás.
Phnon Penh es una ciudad sin mucho interés. En ella se encuentra el Palacio Real que, aunque no se puede comparar al Palacio Real de Bangkok que es una maravilla, es del mismo estilo, muy parecido, y resulta precioso en medio de una ciudad tan sucia y ruidosa.