Dejamos nuestra aventura centroamericana para internarnos en el continente Asiático de lleno. Nos costó llegar, pero al fin lo conseguimos.
Nuestro vuelo salía de México DF el día 7 de julio a las 10 de la mañana con destino a Tokio, 16 horas y media de vuelo con una pequeña escala de una hora en Vancouver. Todo marchaba bien, incluso habíamos conseguido salida de emergencia, con lo cual parecía un triunfo. El avión empezó a andar y se dirigió a la pista de despegue. Cuando le dieron permiso aceleró los motores para despegar pero uno de los motores no se puso en marcha y no aceleró y el otro si por lo que el avión se fue hacia un lado y el piloto lo corrigió con un brusco giro. Dijeron por megafonía que el despegue se había abortado y que debíamos esperar a que los técnicos dijeran cuál era el problema.
Tras más de una hora de espera nos bajan en la terminal, nos hacen recoger las maletas y nos llevan a todos a un hotel y nos citan para el día siguiente a la misma hora, es decir, 24 horas de retraso. Fue un palo bastante grande así que deprimidos nos fuimos para el hotel, que estaba dentro del aeropuerto, a esperar al día siguiente. Y qué pasó al día siguiente? Exactamente lo mismo, el avión intentó despegar y de nuevo se fue hacia un lado, no habían arreglado el problema, de nuevo abortar el despegue, volver a la terminal y un día de interminables colas para buscar a todos los pasajeros rutas alternativas porque ese avión ya no saldría hasta que el problema fuera solucionado. Nos encontraron un vuelo vía Los Ángeles para la mañana siguiente, así que 48 horitas de retraso encerrados en el aeropuerto sin salir. Fue bastante duro, estábamos agotados psicológica y físicamente, del miedo que pasamos, de la ilusión de llegar a Japón, hacer colas y mas colas... desesperante. Y por fin pudimos marcharnos. La recompensa fue viajar en primera clase, 300 euros de indemnización y el pago de las noches de hotel que habíamos perdido. Aun así nada compensó las 48 horas de retraso, la desesperación, la desilusión...
El vuelo era bien largo como ya he dicho, así que cuando nos dijeron que volaríamos en primera clase, pusimos cara de “es lo menos que pueden hacer” y en cuanto nos fuimos de la ventanilla nos pusimos a saltar de alegría. Los asientos eran increíbles, claro que volábamos con la Japan Airlines: asientos individuales como metidos en un huevo todo lleno de botoncitos que yo me puse a tocar incluso antes de despegar: pantalla individual con muchos juegos para jugar, películas, videos musicales... y un mando a distancia para regular el asiento de todas las maneras: las piernas, la espalda, el culo, los riñones, el largo del respaldo, el largo de las piernas, masajitos por la espalda... de verdad era increíble y además se tumbaba completamente, se convertía en cama lo cual era un triunfo. Y nos dieron una almohada y un edredón muy suavito para taparnos. Total, que el vuelo fue una maravilla, se hizo incluso corto y dormimos todo lo que pudimos. Fue divertido porque atravesamos la línea de cambio de fecha así que ya hemos recorrido más de medio hemisferio. Eso sí, perdimos un día completo en el viaje por el cambio de fecha pero bueno, nos hizo mucha ilusión.
VIAJANDO EN PRIMERA, TODO UN LUJO!!