Cosas que ver en Cuzco y los sitios arqueológicos

Llegamos a Cuzco hace 6 días desde Puno en un autobús maravilloso que tardó 6 horas por 6 €. Uf todo 6 no? 666? el número de la bestia... Pues llegamos a una ciudad tan sorprendente que te deja con la boca abierta nada más que aterrizas en la plaza principal.
LAS BANDERAS DE CUZCO Y PERÚ TE DAN LA BIENVENIDA NADA MAS LLEGAR

Llegar desde Copacabana a Puno por el Lago Titicaca a los James Bond

Los últimos días han sido toda una odisea. Pasamos un par de días más en Copacabana sin poder salir por dos motivos: uno fue una diarrea a lo bestia que nos dio, a mi incluido con fiebre, que nos retuvo en la cama todo el día. El otro fue que las noticias desde Perú no eran esperanzadoras, la huelga continuaba y la frontera seguía cerrada. El motivo de la huelga es que han abierto una mina en esta zona de Perú que va a contaminarlo todo: los ríos, los campos, el lago... la gente de la región está luchando para que se cierre la mina sin concesiones, sólo admiten un sí por respuesta y sólo así levantarán la huelga argumentando que eso sería el final de la vida de la región que vive de la agricultura, la ganadería, los ríos... y del turismo ya que si el lago y todo está contaminado no irán los turistas.

Qué les dejaremos a nuestros hijos? Repiten... y yo me sorprendo de ver un pueblo tan luchador.
Al tercer día los barcos decidieron organizarse para llevar a través del lago a los turistas hasta tierra peruana, el primer pueblo pasado la frontera, y allí tomar un bus hasta Puno. Aquella mañana fuimos al puerto y salieron 3 barcos llenos de guiris. Nosotros no pudimos montarnos porque como habíamos estado malos no habíamos ido a la frontera para sellar nuestro pasaporte de salida de Bolivia. Los barcos se fueron y ya sin esperanza pensamos ir a sellarlos por si al día siguiente podíamos salir de allí. Así que hicimos la maleta, cogimos un taxi que nos llevó hasta la frontera, nos sellaron el pasaporte de salida sin mirar ni que estaba caducado, con lo preocupados que estábamos nosotros porque la visa llevaba 3 días cumplida, y nos volvimos a Copacabana. Fuimos al puerto por si había alguna oportunidad de salir ese mismo día, preguntamos a un hombre del puerto que nos dice que a las 11 llevara a la gente en su barco hasta Juli en Perú y allí nos esperara un bus que nos lleve hasta Puno, nuestro siguiente destino. Le decimos que si, que nos vamos con el y a las 12 salimos en un barco con 20 pasajeros entre peruanos y bolivianos y solo los dos guiris.
EN EL BARCO MUY FELICES, PREPARANDO NUESTROS BOCATAS DE PATÉ SIN SABER LO QUE NOS ESPERABA...

Visitar Rurrenabaque, la selva boliviana, y Copacabana en el Lago Titicaca

Vaya días más increíbles que hemos pasado. En la Paz cogimos un avión hasta Rurrenabaque. El avión era un avión de hélices de las Fuerzas Armadas. En él, congeladitos de frío, íbamos un par de australianos de los de libro, 50 israelitas y nosotros dos. Uf madre mía, eso nos dio mal rollo, probablemente Rurre estaría lleno de israelitas armando jaleo.
 
EL AVION DE LAS FUERZAS ARMADAS
Después de 50 minutos de vuelo aterrizamos en otro mundo, bajarnos del avión fue maravilloso! Después de tantos meses de frío y montañas llegamos al calor húmedo tropical, las palmeras, todo verde, tierra roja, olor a tierra y vegetación mojada y mujeres en pantalón muy corto y chanclas. Uf vaya subidón que nos dio a los dos! Un microbús de la compañía nos dejó en el centro, bueno el centro partiendo de que Rurre son dos calles, y nos alojamos en un hotel llamado Pahuichi, donde una habitación bastante cómoda con baño, sin internet y sin desayuno, costaba 10 € (100 Bobs). Había otros a 8 euros pero esos suelen estar hasta arriba de israelitas así que pensamos que en este, por ser un poco más caro no habría ninguno... craso error, pronto descubriríamos que no era así porque aquella noche no nos dejaron dormir los 8 israelitas que se instalaron en las habitaciones de la planta de arriba, dando portazos y con la música a máximo volumen hasta las tantas. Menos mal que los tapones hacen milagros...
LA HABITACION DEL HOTEL PAHUICHI
Rurre es un pueblo con mucho encanto, con calles asfaltadas y otras de tierra, rodeada de pura vegetación y a la orilla de un río de esos que van llenitos de agua, con mucha fuerza y marrón. En la otra orilla se ven algunas casas, pero hacia arriba y hacia abajo lo que se ve es puro verde. Y hay animales, gallinas, perros... por todas partes. Hay varios restaurantes para turistas, con su carta en israelita y en español, y comedores para locales. Los taxis son motos que te llevan a cualquier parte, claro que aquí cualquier parte no puede ser muy lejos.
UNA CALLE DE RURRENABAQUE
LA IGLESIA EN LA PLAZA PRINCIPAL

Visitar Cochabamba y la Paz

Tras nuestros relajados días en Potosí y Sucre, tocaba moverse. El siguiente destino era Cochabamba, una ciudad a medio camino entre Sucre y La Paz. No teníamos muchas expectativas con esa ciudad, ya que no es muy turística para nosotros los “guiris”, pero no había otra para llegar a la capital. El problema era el transporte: o hacíamos mogollón de horas en bus nocturno (y estos no son como los de Argentina, os lo aseguro) o cogíamos un avión. La decisión no fue fácil, porque la diferencia de precios era considerable... Bueno, considerable para los precios de aquí. El planteamiento fue el siguiente: Si el bus tarda 11 horas, es por la noche, por carreteras de montaña sin asfaltar, el asiento casi ni se reclina, al día siguiente vamos a estar hechos polvo... El precio eran unos 70-80 bolivianos (7-8€). Por otra parte, el avión tardaba muy muy poco, salia a las 11 de la mañana, con lo que no teníamos ni que levantarnos muy temprano, y el precio era 28€.

Resolución del conflicto: “Elena, yo por 20€ no me pego la paliza de toda la noche sin dormir y el riesgo de las carreteras de montaña sin asfaltar por la noche... NOS VAMOS EN AVIÓN!”
Y así fue, nos compramos los billetes con BOA (que no es una bicha, sino Boliviana de Aviación), y el día del vuelo estábamos en el aeropuerto con nuestra WIFI gratis mientras esperábamos que anunciaran la salida. El vuelo fue el más corto que hemos hecho jamás: duró 20 minutos!! Pero 20 minutos literal, de puerta a puerta como quien dice. Pero incluso así, a los azafatos les dio tiempo de repartir un snack y de recoger la basura, jejeje. La verdad es que quedamos muy contentos con la compañía y, sobre todo, con la diferencia entre 11 horas y los 20 minutos que tardamos en llegar a Cochabamba.
ANTES DE MONTARNOS EN EL AVIÓN DE BOA
VISTAS DEL ALTIPLANO BOLIVIANO DESDE EL AVIÓN

Cosas que ver en Potosí y Sucre


Desde Tupiza vinimos en un autobús conducido por Chip y Chop, lo digo porque el conductor y su ayudante parecían dos ardillas con uno de los mofletes completamente lleno de hojas de coca. Escupe un poquito hijo, que te va a reventar la cara si sigues metiendo hojas ahí... Después de 8 horas por caminos de tierra para recorrer unos 300 km llegamos a Potosí en un autobús de miedo. Entrar en la ciudad fue un poco chocante, porque los barrios de las afueras tienen una estructura caótica y están formados por casas de una planta de ladrillo sin enfoscar, con la imagen que eso da, y muy pero que muy sucio. Era viernes santo y las afueras estaban llenas de miles, y no exagero, miles de niños volando cometas. Resultaba muy bonito ver todas las cometas flotando en el cielo. El autobús nos dejó en la nueva estación de autobuses conocida como el Ovni.

Nos fuimos para el centro en un taxi (50 céntimos por persona) y yo esperé en la plaza mientras que Pablo buscaba un hostel donde afincarnos por unos días. Llegar al centro fue maravilloso después del duro día de autobús y de la primera impresión de la ciudad. Potosí es, sencillamente, maravillosa, llena de historia, de arquitectura colonial... ambos tuvimos un flechazo inmediato. Nos alojamos en el Hostel Compañía de Jesús, por 10 euros la noche una habitación doble con baño y desayuno pero sin wifi. El hostel no estaba mal, nada del otro mundo pero correcto y limpio.
LA HABITACIÓN DEL HOSTEL
Potosí... qué se puede contar de Potosí. Esta ciudad se fundó en la falda del Cerro Rico, un cerro en que el en 1542 se encontró plata, esa plata que llenaría las arcas españolas durante toda la época de la colonia. Según Eduardo Galeano en su libro “Las venas abiertas de América Latina”, que me estoy leyendo, con toda la plata que se envió a España desde Potosí se podría haber construido un puente que uniera los dos continentes. También se dice que un año por el Corpus se adoquinó la calle principal con adoquines de plata. Hay muchas leyendas que reflejan la riqueza del cerro y la cantidad de plata que cruzó el océano rumbo a España. De ahí la frase de “vale un potosí”. Esta frase se usa más en potosí que en España, siempre que dan un reconocimiento a alguien le entregan una placa con esta frase.

De San Pedro de Atacama (Chile) al salar de Uyuni (Bolivia) en 4x4 y una visita a Tupiza

Hola de nuevo!
Dejar atrás países como Argentina y Chile, occidentalizados y caros para el mochilero, y adentrarse en Bolivia, donde todo es muuuuuy barato y diferente, es un cambio muy drástico. Pero, de momento, en los pocos días que llevamos aquí, esta siendo una muy grata sorpresa. Pero bueno, empecemos donde lo dejamos, al inicio de nuestro tour de 3 días desde San Pedro de Atacama hasta Uyuni, en Bolivia.
Tras varios días en San Pedro esperando que a Elena se le curara el resfriado, habíamos contratado el tour con una agencia llamada “Estrella del Sur”, recomendada como una de las dos mejores por la Lonely Planet y por muchos otros viajeros que habían dejado constancia de lo bien que les había ido en el libro de registros de la oficina de turismo de San Pedro de Atacama. Nos decidimos a ir con ellos, aun siendo algo más cara que algunas otras (70000 pesos chilenos por persona más la entrada al parque nacional de Bolivia, 150 Bolivianos = 105+15 =120€ por persona).

El precio incluía todas las comidas, alojamiento dos noches y la visita al Salar de Uyuni, además de a otros muchos sitios por el camino que ahora relataré.
Nos habían metido mucho miedo por lo de la altura y el frío: que por la noche el frío en los refugios puede ser insoportable, que la altura hace a algunos turistas tener fiebre o vomitar... estábamos los dos a la expectativa de qué pasaría con nuestros cuerpos serranos en semejantes condiciones.
El día de la salida nos levantamos casi de madrugada (para nosotros, eso son las 7:30 de la mañana, jejeje) y nos pusimos en la puerta del hostel a esperar que nos recogieran con media hora de retraso. Recogimos al resto de pasajeros (en total 8, aunque nos quedaríamos en 6 porque dos chicos decidieron no ir finalmente porque los iban a meter con otra compañía porque en el jeep sólo caben 6: Gran punto negativo para “Estrella del Sur”, que nos requeteaseguraron cuando reservamos que ellos no hacían eso, si hay mas gente ponen otro jeep, no lo pasan a otra compañía, pero sí que lo hacen). De cualquier forma fue lo único negativo de la agencia, el resto fue como la seda.
Y allí estábamos los 6, Elena y yo y dos parejas más: Elodie y Benjamín, una pareja de Francia que viven en Holanda, y Lucía y Rini, típica pareja de holandeses ambos guapos y altos de los que dan coraje, lo peor es que eran un encanto. Y además no hablaban español así que hemos pasado 3 días practicando inglés 24 horas, y haciendo de intérpretes entre el guía y el grupo! Fue mucha suerte porque muchos días van 4 jeeps, cada uno con 6 personas. Así van viajando mucha gente junta y pierde mucho encanto. El día que fuimos nosotros, por casualidad, sólo fuimos 6 personas así que era un único jeep. Eso lo hizo mucho más alucinante porque íbamos parando donde queríamos, para hacer fotos o descansar, libres por en medio de la nada, por el altiplano sin carreteras ni caminos la mayoría de las veces, era una sensación de libertad increíble, nada de contaminación, el más absoluto silencio... ha sido una experiencia muy bonita y única, estábamos los dos flipando.
Tras pasar los trámites de la aduana y tras esperar mas de 1 hora porque a Benjamin y Elodie se les había perdido el papel para poder salir del país, avanzamos en un minibus hasta la frontera con Bolivia, en medio de la NADA absoluta, en plena montaña y a unos 4500 msnm (metros sobre el nivel del mar), donde nos estaba esperando Alberto, nuestro chofer y guía durante los 3 días del tour, con un magnifico desayuno en plena montaña. Ya allí las vistas eran espectaculares, y era solo el principio.
LA ADUANA BOLIVIANA, UNA CASUCHA EN MEDIO DEL MONTE

El Desierto de Atacama, al norte de Chile: San Pedro de Atacama y los Valles de la Sal y de la Muerte

Los últimos días lo hemos pasado aquí, en el Desierto de Atacama, el desierto más seco del mundo. Para venir desde Argentina tienes que coger un bus que tarda, desde Purmamarca, 7 horas, y cuesta como 40 € más o menos. Nos habían dicho que por el camino debes cuidarte porque el paso de Jama está a más de 4000 metros de altitud. Yo no se si es que somos todoterreno o simple causalidad pero lo cierto es que no notamos absolutamente nada. De hecho la mitad del viaja fuimos viendo el paisaje y haciendo fotos como locos, y la última parte la pasamos sobando. A mi sólo se me taponaron los oídos pero porque tenía un resfriado de la muerte, así que considero que es normal. La verdad es que el camino es muy bonito. El bus durante muchos tramos no os exagero si os digo que no pasaba de 30, montaña arriba y abajo con unas curvas y unos desfiladeros para morirse, yo casi que me despedía de Pablo en cada curva.

Menos mal que el chofer era prudente y era más fácil que nos cayéramos de lado que que nos despeñáramos montaña abajo. Pasamos un par de salares, que son como lagos inmensos pero de sal, completamente blancos, montañas, ríos, algún volcán... la verdad es que no te aburrías. Y además íbamos sentados en la primera fila de la planta de arriba del bus así que estábamos como en el cine, viéndolo todo delante nuestra a tamaño natural.
PASANDO CON EL BUS POR LA SALINA GRANDE

Visitar Salta y Jujuy

Los días 8 y 10 de abril, como todos los años desde que nacimos, celebramos nuestros cumpleaños. En este caso eran 34 primaveras que cumplimos ambos, de casualidad y por suerte, con 1 día de diferencia (yo mayor que Pablo, es por eso que le exijo respeto y obediencia, no es porque yo sea muy mandona). Y como somos de esas personas a las que no les importa cumplir años, al menos de momento, porque pensamos que nos conservamos extremadamente bien y que los estamos aprovechando al máximo, pues lo celebramos lo mejor que pudimos dadas las circunstancias. Y cuales eran las circunstancias? Las siguientes:
Llegamos a Salta desde Posadas por la mañana, de nuevo después de un durísimo viaje de 18 horas en autobús que no era cama y que costó más de 70 €. Nos fuimos hasta la plaza central del pueblo y yo me quedé en la oficina de información turística con las maletas mientras que Pablo se fue a buscar un hostel decente a un precio razonable. El pobre volvió al cabo de una hora, con su resfriado terrible y la nariz roja como Rudolf y desesperado porque no había encontrado nada que, como mínimo, estuviera limpito. Los hostels de la ciudad dejaban mucho que desear y la habitación costaba mínimo 18 €. Lo dejé descansando y me fui yo a buscar esta vez. Me recorrí media ciudad preguntando pero finalmente encontré uno junto a la calle florida, la peatonal del centro, a 18 € la habitación sin baño pero muy limpia y muy bien iluminada y aireada. Así que fui a buscar a Pablito y le dije la ansiada frase: coge las cosas que ya tenemos hotel. Nos fuimos a comer a un sitio muy modesto pero que nos recomendó un policía y que, aunque cutre de aspecto, la comida era rica y abundante, por 9 euros nos comimos un cuarto de pollo asado con puré de patatas cada uno y una cocacola de litro y medio. Madre mía, siguiendo los consejos de Jordi comemos siempre con cocacola, que según él lo mata todo y es el secreto para estar siempre bien del estómago, y el caso es que yo estoy estupendamente, claro que no se si es la cocacola o la felicidad de estar de vacaciones.
Pasamos en Salta sólo un día porque es una ciudad con un centro pequeñito que se pasea cómodamente. Como en casi todas las ciudades tiene una plaza central con la Catedral, el Ayuntamiento, el teatro y algunas cosas más, un convento muy bonito y una iglesia con una fachada barroca impresionante.
LA CATEDRAL CON EL EDIFICIO DEL OBISPADO AL LADO

Las cataratas de Iguazú, maravilla natural, y las misiones Jesuíticas



Antes de escribir este post, aviso: Todo lo que podamos contar de las cataratas se va a quedar, si o si, corto. Quiero decir que por muchas fotos que veáis o por muchos videos que miréis, ni de cerca podréis haceros una idea de lo que uno siente cuando está allí frente a esa manta de agua. (Sí, gente, sí, esta intro es para empezar desde ya dando envidia cochina, jejejeje).
Llegamos a las 11 de la mañana a Puerto Iguazú, después de pasar toda la tarde-noche en el camino desde Buenos Aires (16 horas en un magnifico bus cama de las cuales dormimos 12 gracias a Santa Dormidina). Y como siempre en este viaje (y en todos, vamos), me toco a mi (Pablo, of course) ir a buscar alojamiento mientras Elena se queda con la maletas, que la verdad es que a base de viajes uno va puliendo la técnica para que siempre te hagan algún descuentillo, jeje.
Con un calor y una humedad propia de sitios tropicales como aquel, conseguí habitación en un hotelito llamado “Crazy Summer petit hotel” por 120 pesos (24€) la habitación doble con baño privado y desayuno, nada mal teniendo en cuenta que la cama en habitación compartida en un hostel allí te sale entre 70 y 80 pesos (14-16€) por persona. Por cierto, que en el desayuno del hotel había todo tipo de mermeladas, entre ellas esta:
MERMELADA DE... DE QUE? QUE PONE??? :-D

Paseando por Buenos Aires, vuelta en lancha por El Tigre y visitar Colonia de Sacramento


16 días en Buenos Aires dan para mucho, para ver cosas y para disfrutar con los amigos. La primera semana casi que lo vimos todo, bueno, todo lo que ve el guiri. Así que la segunda semana hemos visto lo que nos faltaba pero sobre todo, sobre todísimo, nos hemos dedicado a disfrutar de la gente. Y a despedirla, esta semana ha habido reencuentros y despedidas.
Marcelo... nuestro amigo Marcelo... ya dijimos que lo habíamos conocido hace muchos años en Egipto, que por dos veces nos visitó en España y que una de las cosas que más nos motivaba a venir a Buenos Aires era verlo a él. Marcelo es un tipo espectacular, es todo corazón, muy cariñoso y tienes que quererlo, una vez que lo conoces no te queda otra. Aunque él dice que “no nos ha dado bola” en todo el tiempo, la verdad es que nos ha cuidado mucho.

No sólo porque nos llama 3 veces al día al celular para ver cómo estamos, cosa que nos encanta por cierto, sino porque nos ha hecho pasar momentos inolvidables. Uno de los días de esta semana nos llevó a comer a “los platitos”. Esto es un sitio que hay en la costanera donde ponen unos sandwiches de bife de cuadril que él quería que probáramos a toda costa. Y no le faltó razón, realmente la carne en ese sitio era espectacular. Pero no sólo pidió eso, sino patatas fritas, riñones, mollejas... uf a mi esas cosas regular, aunque las probé por supuesto, pero Pablo se puso púo. Y de postre: flan de huevo y flan de pan. Madre mía, ¿por qué todos los días hay un motivo para volver a casa rellenito hasta la garganta y jurando mil veces que nunca más en nuestra vida volveremos a comer? Claro que luego siempre es mentira y al día siguiente se repite la misma historia. Y yo tomando pastillas para el colesterol. A mi me da que voy a morir de un infarto, aunque no os lo creáis el otro día hasta tuve pesadillas con eso.
COMIENDO CON MARCELO EN LOS PLATITOS.