Que ver en Katmandu y alrededores


Katmandú es uno de esos sitios que siempre hemos querido ver, pero que después del terremoto sabíamos que iba a estar muy deteriorado. Y la verdad es que está todo hecho polvo, pero poco a poco va resurgiendo de sus cenizas. Aún así, Katmandú nos ha encantado porque ofrece rincones preciosos con mucha historia.


Llegamos a Katmandú desde Bali y era ya de noche. Habíamos hecho algo que nunca hacemos, reservar un hotel por internet sin verlo antes para 5 noches. 5 noches!! Pero si eso es toda una vida! El caso es que como habíamos quedado con Arancha y Laura al día siguiente pensamos que bueno, que dormíamos todos en ese hotel que soprendentemente en Booking lo ponían bastante bien. Cuando llegamos y vimos la habitación comprendimos de inmediato la tremenda cagada que es reservar hotel sin verlo antes. El hotel en cuestión es el hotel Lily, en el barrio de Thamel, el barrio guiri por excelencia y donde se concentran la mayoría de guest houses y hoteles de todo Katmandú, así como tiendas y restaurantes para los futuros e ilusos “trekkers” novatos como nosotros, que se van comprando cosas como saco de dormir, brújula, machete, gorro polar para temperaturas por debajo de -40°… y todo ello para subir al Poon Hill con nosotros y no bajar de los 15°… En fin, guiradas aparte, la cosa es que nos tocó meternos en el cutrehotel de turno, donde las sábanas habían visto pasar por ellas una manada de pelos de la zona perineal, subían efluvios de esencia de queso de Cabrales y tabaco de liar de la moqueta, y las paredes tenían una sinfonía de caras de Bélmez que nos miraban y nos decían: “¿qué habéis hecho, criaturas?”. Les pedimos que nos cambiaran de habitación, pero casualmente estaba lleno, así que nos tocó meternos en la cama casi sin movernos y completanente vestidos para no refregar tamaña porquería por nuestras pieles, y rezamos porque la noche pasara rápido y no amaneciésemos comidos por las chinches.
Menos mal que a la mañana siguiente nos encontramos con nuestra querida Arancha y su amiga Laura, porque las penas compartidas saben mejor. Teníamos unos días para visitar Katmandú antes de irnos al trekking en Pokhara, así que los aprovechamos al máximo viendo todo lo que pudimos.
El primer día fuimos a la Durbar Square, la famosa plaza del centro de Katmandú, que desgraciadamente se vio muy afectada por el terremoto del 2015, y hay muchos templos completamente caídos y muchos otros apuntalados y con grietas. Aún así, nos encantó. Pensar en cómo sería la vida en esa plaza hace cientos de años nos dejaba con la boca abierta. La arquitectura nepalí es muy diferente a lo que ya habíamos visto en otros países, y eso mezclado con los dioses hinduistas y budistas y los ritos de ofrendas y oración, te deja flipado. “Entrar” en la plaza cuesta 1000 rupias (unos 10€) por guiri. Habíamos leído que eran 300 rp, pero se ve que tras el terremoto han triplicado el precio para su reconstrucción. Lo único bueno es que puedes ir a una oficina que está dentro de la plaza y te dan un carnet para poder entrar en la plaza siempre que quieras con validez hasta que expire tu visado. La oficina está al lado de la casa de la Kumari, que es una de las cosas más flipantes que hemos visto en este viaje, no la casa en sí, sino la historia de la Kumari. La Kumari es una diosa en vida. Se trata de una niña a la que eligen entre varias candidatas que deben cumplir 32 requisitos entre los que están el color de los ojos o el tono de voz o que no se le haya caído aún ningún diente de leche, y suelen tener entre 2 y 4 años de edad. En ese periodo de tiempo las posee una divinidad hindú, por eso la gente la trata como tal. Se trastala a vivir a una de las casas de la plaza Durban sin su familia, debe vestir siempre con ropa roja y sin zapatos, ir maquillada con unos rabillos más grandes que los de Amy Winehouse y no puede pisar el suelo nunca más, así que las pocas veces que sale de la casa para algún acto de veneración la llevan en una parihuela dorada por las calles de Katmandú. Pero ay amigos, el tiempo de ser la Kumari no es eterno, ya que al llegar la primera menstruación, la divinidad abandona su cuerpo por no ser ya pura e inmaculada, entonces la mandan de vuelta a su casa con su familia y eligen a la siguiente kumari. La pobre niña se queda con una paguita y solterona, porque dicen los nepalíes que da mala suerte casarse con una ex-kumari. Nosotros la vimos asomarse a la ventana un par de veces, se ve que cuando hay muchos guiris le dicen: niña, asómate al balcón que los guiris quieren ver tus rabillos. Y menos mal que no te mira, porque dicen que si te mira directamente es malisísima suerte pa tu vida. Se asoma lánguida, mirando al horizonte sin expresión alguna y vuelve a meterse en la casa. Pobre niña, cuánto debe extrañar a su familia y jugar con sus amigos...



La Kumari fotografiada de una postal porque está prohibido fotografiarla

Una de las estupas de Katmandú

Celebrando el reencuentro con Arancha con una Everest fresquita

La Durbar Square de Katmandú



El palacio

Ese mismo día fuimos andando hasta Patán, que tiene también otra Durbar Square preciosa y por la que hay que pagar otros 10 pavazos, que nosotros nos ahorramos callejeando y entrando por una calle aledaña, aunque bien es verdad que vino un señor a pedirnos las entradas cuando ya nos íbamos. Aquí también el terremoto hizo estragos y dejo algunos edificios como si hubiera pasado por allí Godzilla con un apretón. Pero el conjunto es precioso, y las calles de alrededor son perfectas para pasearlas y ver balcones de madera que parecen sacados del Siglo XV.

La Durbar square de Patan

Al día siguiente fuimos a ver lo que para nosotros fue el plato fuerte de Katmandú: el pueblo de Bakthapur. Que maravilla de sitio! Fue la capital de Nepal durante el reino Malla hasta el siglo XV y es patrimonio de la humanidad por la UNESCO. Aquí el terremoto no hizo tanto daño y está todo bastante bien conservado. Nos pasamos aquí el día entero y repetimos unos días mas tarde. Vinimos en taxi por 8€ (bastante caro pensando en que es Katmandú, pero al ser 4 no estaba mal). Se puede ir en bus público que cuesta 30 rupias (unos 30 céntimos) y se tarda una hora, saliendo de la parada de buses de Bag Bazaar, cerca del Ratna Park. Tras el pago de 15 eurazos por persona (a los Nepalíes se les ha ido la pinza con las entradas) ya estábamos dentro (aquí también te dan un carnet para toda la duración de la visa, que nosotros aprovechamos para volver el día antes de marcharnos de Nepal). En Bakthapur también hay una Durbar Square donde está el museo, y en la que están reconstruyendo un par de templos tras el terremoto, pero aún así es preciosa, sobre todo al atardecer. Allí nos tomamos algo muy típico de Bakthapur, el Royal curd, un yogurt con miel que es digno del mismísimo Jehová, y que venden por cualquier esquina a unos 40 céntimos el vasito. 


Durbar square de Bakthapur

Tras ver la Durbar Square fuimos a recorrer el pueblo andando. Es un sitio muy tranquilo con apenas coches por el centro, y hay templos y cisternas de agua en cada esquina. La plaza de Duttatraya es una de las más bonitas y mejor conservadas. Allí, en una callejuela, podrás admirar la famosa “Peakock Window”, la que dicen ser la ventana tallada en madera más bonita y compleja del mundo… Hombre, yo no sé si el que ha dicho eso ha visto todo el mundo, pero sí que es verdad que es una maravilla.




Seguimos andando y nos topamos con otra joya, la Taumadhi square. Aquí hay dos templos enfrentados a cual más bonito, uno dedicado a Laxshmi, la diosa de la prosperidad, y el otro a Shiva. El último sitio que nos flipó fue la plaza de los alfareros, donde el gremio de estos artesanos se reúne para vender lo que crean en sus talleres alrededor de la plaza. Yo me animé a probar suerte, ya que siempre me ha encantado y por desgracia los reyes nunca me trajeron el Alfanova, así que me desquité intentando hacer un jarrón que terminó siendo un cenicero, jeje.








Otro día quisimos ir a ver las cremaciones en el templo de Pashupaninath, pero también cobraban 10€ y ya nos dió coraje que cobraran 10€ por todo, sea la plaza más maravillosa de Katmandú o un templo que el único interés que tiene es el morbo de ver incinerar a los cadáveres, así que no entramos. Nos habían recomendado entrar, pero la verdad es que después de estar en Varanasi no creo que nos impresione más.
Otro día fuimos a visitar un proyecto de desarrollo de unos amigos que conocimos en la fundación Vicente Ferrer cuando fuimos de visitantes: Toni y Arancha son dos personas admirables que un buen día al venir a Nepal, decidieron que querían ayudar a la gente de un poblado remoto en la región del alto Dolpo, al que se accede tras 24 horas de bus, 45 minutos de avioneta y entre 9-15 días de trekking por los Annapurnas. Ellos pusieron en marcha un programa para escolarizar a los niños del poblado, de manera que los niños van a Katmandú a estudiar en la escuela y viven en un hostel que gestionan ellos junto con una trabajadora local. Se financian a través de donaciones particulares, y siguen con mil ideas en la cabeza para ayudar a esas pobres familias que no tienen ni centro de salud, ni agua corriente, ni nada. Esta es su web por si queréis echar un vistazo y colaborar con ellos: https://ciden-nepal.org
Nosotros fuimos a visitar el hostal y allí estaban todos los niños estudiando y haciendo los deberes, con sus sonrisas en la cara y mirándonos sin entender qué decíamos. Les llevamos fruta de regalo, porque es cara y no se la pueden permitir, y es algo que les encanta. Nos gustó mucho lo bien organizado que lo tienen todo y lo bien educados que están los niños. Lo más fuerte es que no tienen contacto con la familia más que una vez al año, cuando alguien baja o sube al poblado y lleva o trae cartas escritas por unos o por otros, nada de teléfono, WhatsApp ni nada. Os imagináis un año sin poder contactar con vuestros padres o hijos? Así de dura es la vida de estas personas.
El hostel estaba muy cerca de Boudanath, la gran estupa sagrada donde todas las tardes vienen los budistas a rezar caminando alrededor de ella. Así que aprovechamos para visitarla (2'5€).








Y así han pasado los días en Nepal, aparte del trekking que ya os contamos. Ha sido genial compartirlo con Arancha y Laura, las vamos a echar de menos, aunque en breve las veremos en Sevilla. Y ahora la siguiente parada es Dubai! Ya os contaremos como nos va en la ciudad del Lujo y el despilfarro. Besos!!
Pablo Troncoso Web Developer

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