Qué ver en Chengdu



Buda nos pone a prueba cada minuto en este viaje. El primer motivo es porque llevamos literalmente 100 días sin comernos una tostada. Pablo y yo somos de buen comer, vamos que lo mismo nos da comer arroz que algas, pero si hay algo que no perdonamos es la tostada por la mañana. Nunca nos había pasado estar tanto tiempo sin encontrar un sólo hotel que ofreciera desayuno. Y como no nos gusta salir del hotel para buscar dónde desayunar y tenemos que comprar cosas que podamos comer en la habitación, llevamos 100 días a base de magdalenas, cereales y pan dulce con fuet chino o una especie de choped que ni en mis peores pesadillas. Pero nada calentito, y de tostadas ni hablamos. Estoy que me subo por las paredes, vamos que sueño con tostaditas con aceite y tomate que me rodean por todas partes y me arropan con más amor que mi madre. 
 

Pablo Troncoso Web Developer

Larung Gar: la universidad budista más grande del mundo y otro Sky Burial




Cuando viajas por esta zona tienes la impresión de estar en la Edad Media, en la India o metido en un portal de Belén. Hay pueblos o barrios enteros construidos con barro, con las mierdas de las vacas secándose en las paredes de las casas para usarlas como combustible, donde los animales salen y entran de las casas como uno más de la familia (vacas y cerdos eh? Que no digo perros) y las señoras lavan la ropa y los cacharros y recogen agua en la fuente pública porque no tienen agua corriente. Nosotros podríamos pasear por estas calles durante horas. Los niños juegan en las calles de tierra, todos nos dicen “hello” aunque no sepan decir ni una palabra más, las señoras nos saludan, nos hablan por señas y alguna nos charla durante un rato aunque sepan que no entendemos absolutamente nada. Es divertido, y, pese a la misera, resulta acogedor.
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Sky Burial: los sorprendentes rituales funerarios tibetanos en Litang


Como ya os conté en el anterior post, en Litang acudimos a uno de los rituales funerarios más sorprendentes que hayamos visto ni, imagino, veremos en nuestra vida. Según nos explicó un tibetano, los tibetanos tienen tres tipos de rituales funerarios: Sky Burial (entierro celestial), Water Burial (entierro en el agua) y Earth Burial (entierro en la tierra). El lama de cada ciudad, algo así como el cura que manda en el pueblo para nosotros, decide en esa ciudad qué tipo de funeral se lleva a cabo. Para los budistas el cuerpo no tiene ningún valor. Una vez que mueres y el alma abandona al cuerpo, éste debe ser devuelto a la tierra, al ciclo de la vida, tal y como llegó al mundo: desnudo, despojado de todo lo material. Ésto nos recuerda que no somos nada, y que de nada sirve atesorar en vida, porque nada nos acompañará en el viaje final.

Aunque para ellos, al creer en la reencarnación, ese viaje no es el último. Por este motivo, cuando mueren, pueden ser enterrados en la tierra directamente, sin ropa ni ataúd (earth burial), tirados desnudos al río (water burial) o comido por los buitres (sky burial). Si si, habéis leído bien, comido por los buitres.
 
En esta zona tibetana de la provincia de Sichuan hay dos lugares en los que se llevan a cabo los Sky Burial: Litang y Sertar. Ambos tienen lugares sagrados en los que llevar a cabo éste ritual, un sitio concreto en la montaña. En ritual se desarrolla de la siguiente manera: el cuerpo es llevado bien temprano por los familiares a la montaña. Lo depositan en el suelo desnudo, lo amarran por el cuello a una estaca y un sacerdote hace en su cuerpo una serie de cortes para que quede al descubierto el interior del cadáver. Una vez que está preparado se retira para que los buitres se acerquen a comer. Y efectivamente, decenas de buitres que esperan relamiéndose en la ladera se lanzan al ataque para acabar con cada centímetro del difunto.



Y allí estábamos nosotros, Pablo y Elena, en aquel sitio tan remoto viendo algo que jamás podremos borrar de nuestras retinas. Antes de viajar a China habíamos leído que en ciertas zonas tibetanas se llevaba a cabo ese tipo de ritual funerario. El mismo día que lo leímos supimos que iríamos a verlo, fuera donde fuera que tuviéramos que ir. Y allí estábamos.

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Visitar Litang, una ciudad muy especial para los tibetanos


Hemos pasado 10 días sin internet. El gobierno ha cortado internet en toda esta zona y no había forma de comunicarse. Aquí, como en todo el Tibet, todos adoran al Dalai Lama. Pero como el Dalai no reconoce que el Tibet pertenezca a China y está en el exilio, el gobierno ha prohibido adorarle ni que haya ninguna foto suya en ningún templo. Pero todos los templos aquí están llenos de fotos suyas. Se acerca un aniversario importante, no se si el cumpleaños del Dalai, y el gobierno ha cortado internet para que la gente no pueda convocar nada ni celebrarlo. Así que desconectados hemos estado. Aún así yo he seguido escribiendo, así que estos días publicaré los post de los últimos 10 días.

Ise de Shangri-La y adentrarse en territorio tibetano es un verdadero infierno. Nuestra siguiente parada, Xiangcheng, se encontraba sólo a 240 Km, pero cuando compramos los tickets el día anterior (aquí siempre tienes que comprar el ticket el día anterior porque suele haber sólo un bus por día) nos dijeron que se tardaban 8 horas. Si divides 240 km entre 8 horas sale a 30 km por hora. Imposible, pensamos. Seguramente serán menos y ellos se ponen en lo peor para que no te quejes. Imposible? Las 8 horas se convirtieron en 13,5 horas, increíble pero cierto. Cuando llegamos a la estación a las 8 de la mañana vimos en el andén 3 tipos de autobuses: unos grandes y geniales, otros normalitos de los que puedes encontrar en cualquier parte, y una ruina de autobús que se caía a cachos. Como todos sabréis ya, Pablo tiene una gran flor en el culo, así que cuando preguntamos cuál era nuestro autobús nos dijeron que el cajón de lata, sin amortiguadores, con los asientos sin acolchar y con más mierda que once jamones (dónde has dejado la flor, Pablito??). Y allí que nos metimos con unos 15 chinos y 4 chinas más. El viaje fue una gloria, todo por carreteras de montaña sin asfaltar, en su mayoría de un sólo carril, por lo que el autobús debía ir pitando todo el rato para que lo oyeran si venía alguien en contra. Eso sumado al ruido que emitía el autobús en sí mismo al ir botando por la carretera provocaba un sonido tan ensordecedor que no nos oíamos el uno al otro si nos hablábamos. Incluso no conseguíamos oír el mp3 en el que tenemos cargados varios programas de radio. Una locura. Para colmo iban fumando todo el rato y comiendo todo tipo de cosas cuyos envases y botellas tiraban directamente por la ventana. Nosotros no podíamos abrir la nuestra, porque todo lo que escupía y tiraba el de delante nos entraba directamente. Paramos en varias ocasiones. Una porque algo se rompió en el bus y empezó a salir agua a chorros por debajo. El conductor consiguió arreglarlo tocando unos tubitos que asomaban. Otra vez encontramos una excavadora (esa carretera está en obra en algunos tramos con la intención de asfaltarla, lo que la hace aún peor) que estaba sacando tierra de la montaña y tirándola en medio de la carretera. El tipo dijo que hasta que no acabara su turno dos horas más tarde no podríamos pasar, así que allí estuvimos dos horitas en medio de la nada esperando a que el tipo terminara y limpiara el camino. Otra vez se escuchó un ruido muy fuerte metálico que resultó ser el radiador (creo) que se había caído. De nuevo nuestro Mcgiver lo arregló sujetándolo al autobús con dos alambritos. También paramos en un taller en un pueblo para arreglar alguna otra cosa que se hubiera roto. Y luego vinieron las paradas por necesidad fisiológica, es decir, el que se estuviera meando le decía al chófer que parara y éste se echaba a un lado cuando la carretera lo permitía. Y si señores, allí te pegabas al autobús o a donde pudieras y a mear, con todo el mundo mirándote el culo, no quedaba otra. Como la carretera no estaba asfaltada entraba muchísimo polvo por todas partes, así que cuando llegamos yo parecía que venía de un una semana de feria, los pelos como un estropajo y un peinado tipo Doc de “regreso al futuro”, la nariz llena de mocos negros, ronca y con arena hasta en los dientes. Doliéndonos hasta el último pelo y maldiciendo nuestra suerte estábamos cuando pasadas unas 12 horas el autobús paró en la puerta de una mina y se bajaron 11 hombres con sus macutos. Iban a trabajar en la mina. Entonces comprendimos la suerte infinita que tenemos, lo súper afortunados que somos. Y es que esa flor en el culo sigue ahí. Nosotros podíamos llegar al destino, buscar un hotel, dormir 12 horas seguidas y perrear en la cama todo el día siguiente. Pero esos hombres, al cabo de un rato, se meterían en una mina, lejos de sus familias y, probablemente para ganar una miseria. Así que, aunque parezca mentira, llegamos a Xiangcheng animados y sintiéndonos muy afortunados aunque doloridos y cansados. Nos metimos en la cama y a soñar con los angelitos.


UNA DE LAS PARADAS EN EL CAMINO

EL PAISAJE ES UNA MARAVILLA



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Qué ver en Lijang y Shangri-La


Todos estamos de acuerdo en que pasar una diarrea es algo espantoso. Si el temido momento llega estando en tu casita, tirado en tu cama y con tu váter a menos de 10 metros, la cosa no está tan mal. En cambio, si el apretón te viene en una estación de autobuses hay que reconocer que lo tienes chungo. Y si, para colmo de males, la estación de autobuses está en China, de verdad te digo que tendrás que hacer un esfuerzo por abstraerte e imaginar que estás tirado bajo una palmera en el Caribe, porque por un momento desearás no haber nacido. Creo que no necesito dar más explicaciones para que entendáis por lo que pasé hace un par de días. Simplemente pongo una foto y, lo demás, lo dejo a vuestra imaginación. Eso sí, os aseguro que la realidad supero muchísimo a vuestra imaginación.


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Qué ver y hacer en Shaxi, la joya de Yunnan



Que los desayunos se convierten en una pesadilla cuando estás viajando y los hoteles no lo ofrecen, ya lo hemos dicho por activa y por pasiva. Ni en Malasia ni en China hemos encontrado un solo hotel que incluyera el desayuno con la habitación. Así que eso de una tostadita hace ya dos meses y medio que no la catamos. En la búsqueda de soluciones compramos dos boles de plástico y dos cucharitas. En los súper compramos leche y cereales y ese es nuestro desayuno diario. Se acabó el desayunar caliente y salado. En Malasia aún encontrábamos cereales, pero en China rara vez, así que nos hemos pasado a las magdalenas, que sí que las encontramos en algunos súper. Pablo estaba ya que se subía por las paredes por desayunar salado cuando un día, en un súper buscando cereales, descubrimos algo muy parecido al fuet. De verdad os digo que parecía que había visto una aparición de la Virgen María y juró y perjuró que nunca más desayunaría dulce. Nos llevamos uno para probarlo, un par de panes y un zumo: toma ya desayuno!!! y cuando a la mañana siguiente lo probamos resulta que estaba riquísimo. No era fuet pero muy parecido, con un sabor como dulzón. Pues Pablito se volvió loco, literlamente loco!!! y me hizo comprar 20 fuets, 10 paquetes de 2, para llevarlos siempre encima ante el temor de no volverlos a encontrar.

Y aquí me tenéis, desayunando día tras día fuet, que mi colesterol ya hasta se ha revelado y pide que deje de alimentarlo. Yo algún día he tenido que volver a las magdalenas, pero ahí llevo la maleta, que pesa un quintal cargadita hasta los topes de chorizos. Ahí lleváis la prueba:

SAN FUET
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Que ver y hacer en Dali, Yunnan


Estos últimos 10 días han sido de absoluto relax en una ciudad fantástica al oeste de Kunming. Dali es una ciudad pequeñita y antigua, ya que la ciudad nueva la construyeron a 20 kilómetros de la antigua y la mayoría de la gente se mudó allí. Así que no es muy grande y en un par de días lo puedes ver todo de sobra. Lo que pasa es que nos hemos sentido tannn bien que nunca era momento de marcharnos. Llegamos tras 5 horas de autobús que, a pesar de que el autobús era una pesadilla de cutre y que el del asiento del lado mordía y chupaba todo el tiempo patitas de pollo, no se hicieron tan largas. La verdad es que el paisaje de campos de arroz y los pequeños pueblos con casas de barro o encaladas y pintadas con escudos en las puertas nos tenía con la boca abierta. Pero no os creáis que lo de comer patitas de pollo es una tontería, porque no lo es. Y es que yo no soy muy delicada para comer, pero lo de las patitas de pollo no me hace mucha gracia. Son las puras patas, no os imaginéis un alita ni nada por el estilo. Es la pata, con sus dedos y sus uñas,  hervidas o al vapor no se, pero tal cual las llevan en bolsas y se las comen como un tentenpié.

Y ves a las señoras en el súper ante montañas de patitas eligiendo las mejores. Así que el vecino del asiento de al lado del autobús sacaba una patita de pollo de una bolsa, y se metía un dedo en la boca, con su uña y todo, todo para adentro! Rompía con los dientes el hueso y venga a masticar pata, hueso uña y de todo. Debe ser una delicia porque lo come todo el mundo, no lo pongo en duda, pero yo de momento no me he atrevido a probarlo. Si algún día me envalentono me grabo y os lo pongo para que quede constancia, porque si no, sé que nadie me creerá.

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