Un billete de ida


Comprar un billete sólo de ida. No de ida y vuelta, no. Sólo de ida. Eso significa tantas cosas que es difícil explicar el sentimiento que produce. Significa que no sabemos dónde vamos a estar, ni cómo nos vamos a mantener, ni cuando vamos a volver. Significa libertad, libertad absoluta para decidir a dónde queremos ir mañana o dónde nos gustaría quedarnos. Es la magia del viajero, no saber dónde estarás dentro de 4 meses porque dependerá de cómo te coja el cuerpo. Y así es como nos sentimos nosotros en este momento, porque, por fin, hemos comprado nuestros billetes de ida. Y eso quiere decir que ya estamos muyyyy nerviosos. Histéricos diría yo. Mi Pablito ya tiene el estómago malo y fatiga a todas horas, y sospecho que eso no se le quita ya, al menos, hasta que deje de trabajar. Y yo estoy que me subo por las paredes. Entre la cuenta atrás y el clima, que me tiene encerradita en casa, estoy de un irritable que cuando llega Pablo por la tarde tiene que echarme 50 kilos de paciencia el pobre. Pero es normal, siempre nos pasa lo mismo y las últimas semanas se hacen insoportables. Aunque todo está saliendo redondo la verdad. En nuestro afán de convertirlo todo en dinero hemos conseguido vender todo, todos los muebles del piso a una pareja que se viene a vivir aquí cuando nos vayamos, las bicis, las llantas del Renault Scenic que murió y hasta la Thermomix! Todito lo hemos vendido. Triunfo total!!! 

Para nosotros comprar un billete de ida supone mucho, muchísimo. Supone un nuevo cambio de vida, un reto enorme y la satisfacción de haberlo conseguido una vez mas. Porque, por suerte, es la cuarta vez en nuestra vida que compramos un billete de ida. Pero esta vez la sentimos algo más especial que las anteriores. Porque antes teníamos la hipoteca, y eso condicionaba nuestros viajes a volver en cuanto acabaran los ahorros. Pero ahora no tenemos cargas que nos aten, ahora sólo necesitamos encontrar un trabajo en cualquier lugar que nos de aunque sea sólo para mantenernos. No necesitamos nada más. No podemos estar mucho tiempo dando vueltas. Tenemos ahorros para mantenernos unos meses con un bajo presupuesto. Pero luego habrá que buscarse algo con lo que mantenerse. Y si lo conseguimos, volveremos cuando nos apetezca, y no porque se nos acabe el dinero y tengamos una hipoteca apretando. Por eso estamos tan nerviosos, porque esta vez es distinta, porque esta vez implica retos nuevos para nosotros, nuevos objetivos. 

Y cuándo y a dónde nos llevará ese billete de ida? Pues muy pronto. Nos quedan en Alemania sólo 3 semanas de trabajo. Si, tres semanas eternas con este clima de mierda, pero 3 semanas al fin y al cabo. Y luego pasaremos un par de meses en Sevilla, disfrutando de nuestras familias que los echamos mucho de menos. Y el día 22 de abril, en plena feria de Sevilla, cogeremos un ave a Madrid porque el 23 sale a las 6 de la mañana nuestro vuelo a Singapur. Y por qué Singapur? Pues porque era muy barato, 300 euros, así que volamos allí y una vez en Asia nos moveremos por donde queramos. Aunque Singapur es caro y no queremos quedarnos mas de 3 o 4 días para descansar y poner rumbo, probablemente, a Malasia. 

Pablo Troncoso Web Developer