De como la vida puede cambiarte en un minuto...


Hola a todos. Estamos de vuelta en Sevilla. El supuesto bicho vietnamita no era tal. Ha resultado ser un linfoma de piel, un tumor que generalmente se encuentra en la sangre. En cuestión de un día pasamos de estar plenamente felices de haber llegado a Melbourne a una casa fantástica en un barrio encantador a estar montados en el primer avión de vuelta para España que salia. El domingo pasado llegamos a Melbourne y en el correo vimos lo que andábamos esperando, un mail del médico para darnos el resultado de la prueba. Nos decía que lo llamásemos por teléfono, cosa que nos preocupo, pero era domingo y teníamos que esperar al lunes.

Pablo Troncoso Web Developer

Visitar Fiji recorriendo las Yasawas



Empiezo este post haciendo referencia a una curiosidad que hemos visto por aquí, y es que es fácil encontrar mapas que están al revés y con el centro en Nueva Zelanda. La verdad es que es otra forma de ver el planeta muy interesante, porque estamos acostumbrados a ser el centro del mundo y bueno, hay que pensar que hay hasta quien no sabe que España existe.
UN MAPAMUNDI CON OTRO PUNTO DE VISTA. LOS NOMBRES DE LOS PAÍSES TAMBIÉN ESTÁN ESCRITOS AL REVÉS.

Como no podía ser de otra forma titulamos este post BULA!!!! el saludo de los fijianos, que significa Hola y con el que todo el mundo te recibe con una gran sonrisa. Llegamos a Nadi, la capital de las islas Fiji, a las 4 de la tarde en un vuelo de 3 horas desde Auckland. Nada más bajarnos del avión notamos que habíamos cambiado completamente de registro: calor pegajoso, palmeras, mujeres con flores en el pelo y una gran sonrisa, música por todas partes. Oh Dios mio, esto es el paraíso!!! nos pusimos en modo “playa” y en un momento estábamos más que integrados en el paisaje. En el mismo aeropuerto preguntamos en una tienda de Vodafone si en las islas pequeñas tendríamos cobertura y el chico nos dijo que dependía de la isla y de lo que nos alejáramos de la isla principal, pero que generalmente sí que tendríamos cobertura. Así que sobre la marcha, y por 2 euros, compramos una tarjeta prepago para que nuestros padres pudieran llamarnos cada vez que les diera el telele de “dónde está mi niña”. Teníamos reservado un hotel para esa primera noche y tenían transporte gratis al aeropuerto así que nos dijeron dónde paraban los minibuses de los hoteles y allí esperamos a que vinieran a recogernos a nosotros y a varios guiris más. El hotel Smugglers Cove está a pie de playa, con una piscina muy agradable, un restaurante lleno de velitas y, por 38 euros la noche, incluye el desayuno y habitación con baño y aire acondicionado.
EL HOTEL SMUGGLERS EN NADI YA ATARDECIENDO
Al día siguiente nos marchábamos para las islas y nos habían dicho que lleváramos todo lo que necesitáramos y bebidas, porque luego allí no puedes comprar nada y las bebidas son caras. Así que nos fuimos con un trabajador del hotel que salía en aquél momento y nos dejó en el mayor supermercado de la ciudad, que no se yo cómo explicarlo, pero que sería algo así como un ALDI venido a menos. Pero los precios eran increíblemente baratos y compramos champú, muchos paquetitos de galletas, repelente de mosquitos, varias botellas de agua y un par de gafas y tubos de snorkel por 7 euros el juego. Volvimos al hotel ya a la hora de la cena y, por 6 euros por cabeza, nos pimplamos un plato de pollo a la brasa con puré de patatas y verduritas con reducción de vino que nos quitó el sentío, ufff con lo hartos que estábamos de la comida basura de Nueva Zelanda. En el hotel nos dijeron que podíamos dejar las maletas allí mientras que estábamos en las islas así que decidimos agrupar toda la ropa que íbamos a necesitar en una de ellas (bañadores, camisetas de manga corta, pantalones cortos, chanclas y el neceser, poco mas) y sobrecargamos la otra para dejarla allí hasta nuestra vuelta.
En Fiji hay muchos grupos de islas, hay cientos de ellas, por eso debes decidir a cuáles quieres ir. Con 16 días por delante tampoco podíamos pretender ver todo, así que nos decidimos por las Yasawas, uno de los grupos de islas más visitadas y donde se encuentran los hoteles de precio medio a los que va toda la gente joven. Para llegar hasta ellas sólo puedes coger el Yasawa Flyer, un ferry que todos los días llega hasta la última isla parando en cada una de ellas y luego vuelve a Nadi al atardecer. El problema es que este ferry no para en las islas, sino que para en el mar cerca de cada una de ellas, entonces un barquito del hotel que hay en esa isla se acerca al ferry y monta a las personas que van para ese hotel y, a su vez, lleva al ferry a las personas que ya se marchan.
EL YASAWA FLAYER Y EL BARCO DE UN HOTEL RECOGIENDO GENTE
Normalmente en cada isla suele haber un hotel o dos como mucho. El problema es que tienes que haber reservado antes para que el barco del hotel vaya a recogerte al ferry, y no tienes otra forma de acceder al hotel. El segundo problema es que en todas esas islas no hay internet, entonces no puedes reservar con ellos directamente, sino que tienes que hacerlo a través de compañías que están en la capital o en Australia y que te cobran una comisión por gestionarte la reserva y avisarlos de que salgan a recogerte al ferry. Buf la cosa se complica no? Además a mi no me gusta reservar por anticipado sin haber visto el hotel en persona, así que decidimos irnos directamente y ver qué pasaba. Al día siguiente cogimos el ferry bien temprano. Normalmente la gente suele comprar un pase de 7 o 14 días que te permite durante ese tiempo coger el ferry todas las veces que quieras. Pero pensamos que eso es para gente que pretende estar cada día en una isla diferente y nuestra intención era pasar 3 o 4 días en cada isla, por lo que no necesitaríamos mucho transporte y preferimos comprar cada billete individual. El ferry iba lleno de gente, y nosotros sin saber muy bien qué hacer o dónde bajarnos. El caso es que cuando te montas debes decir a dónde vas, y nosotros dijimos el nombre de un hotel al que pretendíamos ir en primer lugar. La persona preguntó: tenéis reserva? Y le dijimos que no, así que amablemente llamó desde su móvil y le dijeron que estaba lleno, que no había sitio. Nos sugirió que fuéramos a otro que también estaba bien, llamó, le dijeron que tenían sitio y que vendrían a por nosotros. Perfecto!!!
Por el camino fuimos pasando islas maravillosas, algunas tan pequeñas que sólo tienen un pequeño hotel, y otras algo más grande que tienen, además de uno o dos hoteles, una pequeña villa de locales con unas 30 casas, su escuela, la iglesia...



ALGUNAS DE LAS ISLAS QUE FUIMOS PASANDO
Por fin el barco paró y nos dijeron que bajáramos allí, en la isla Waya Lailai. Una pequeña lancha nos llevó, a otra pareja y a nosotros, hasta el hotel Naqalia Lodge. El hotel hay que verlo, se compone de 4 cabañas dobles justo en la orilla, sobre un bonito césped con palmeras, y un chozajo de madera con techo de paja que sirve de recepción, sala de reunión y comedor.
EL HOTEL VISTO DESDE EL MAR
LAS CABAÑAS Y, AL FONDO, LA SALA DE ESTAR. LA PRIMERA CABAÑA QUE SE VE A LA IZQUIERDA ES LA NUESTRA
LA CABAÑA DESDE EL FRENTE
NUESTRA HABITACIÓN
LAS VISTAS DESDE LA TERRAZA DE NUESTRA CABAÑA, QUE ESTABA EN ALTO SOBRE PILOTES
LA PLAYA Y PABLO TIRADO EN UNA HAMACA
LA SALA DE ESTAR-COMEDOR-RECEPCIÓN DEL HOTEL Y PABLO CON LA COCINERA
Había otro par de chicas hospedadas allí, así que éramos 6 los huéspedes del hotel. Los trabajadores eran 5 personas, 4 hombres y 1 mujer, todos ellos fijianos. Y todos hacían de todo: preparaban la comida, tocaban la guitarra y cantaban canciones típicas fijianas durante las comidas, limpiaban las habitaciones, hacían excursiones como salir a pescar, ir a dar de comer a los tiburones o aprender a hacer pulseras tejidas con hojas de palma. Resultaba realmente divertido y diferente. Nuestra cabaña estaba bastante bien, con su baño, una cama de matrimonio y dos pequeñas, mosquiteras, y con todas las paredes de ventanas para aprovechar la brisa y librarse del calor. Además teníamos luz eléctrica de 6 a 10 de la noche, lo cual es todo un lujo en las islas. Por 64 euros al día tienes todo incluido, el alojamiento y las comidas. Al día siguiente llegó otra pareja, así que ya éramos 8 personas alojadas. Fueron 3 días de lo más divertido, pasábamos las horas en el comedor jugando todos al Brandi Dog (ey Juanka, ves como somos embajadores del Brandi?) y charlando, tirados en la playa, haciendo snorkeling, leyendo, tirados en las hamacas, durmiendo, comiendo... ufff no puedo ni recordarlo, unos días perfectos. Además nos ha permitido hablar mucho en inglés, que era el principal motivo del viaje (bueno vale, a quién quiero engañar, el principal motivo es que no puedo parar de viajar). La verdad es que lo que más hemos aprendido es terminología del juego (te toca barajar, es tu turno, te voy a comer, yankis go home, si alguien me come lo mataré... y palabrotas para decir cuando te comen a punto de entrar en casa) Éramos de todas partes: un EEUU, una rusa, dos noruegas, dos alemanes y nosotros.
JUGANDO AL BRANDI DOG
PABLO ENTRANDO EN EL AGUA PARA HACER SNORKEL
A LA SOMBRA DE UNA PALMERA
Respecto a las comidas la verdad es que estaba bien, un poco básico porque, contando con que en la isla sólo había luz 4 horas al día a través de un generador, no había frigorífico y, en consecuencia, la comida era toda almacenada: arroz, pasta, conservas, verduras... El desayuno era alas 8, aunque la verdad es que todos llegábamos siempre tarde, a las 12 daban el almuerzo y a las 7 la cena. El almuerzo y la cena eran verduras en salsa con arroz o algún pan, algunas veces pollo y una rodaja de piña. Un poco escaso pero ya hablaré de eso más tarde.
EL PERSONAL TOCANDO Y CANTANDO DURANTE LA CENA
Hicimos una excursión para hacer snorkel en la barrera de coral y dar de comer a los tiburones. Había muchos pescados pequeños de muchos colores, y varios tiburones (inofensivos, claro está) que se acercaban a nosotros más de lo que a mi me gusta, pero no vimos muchos peces grandes. Pero el guía cazaba algún pescado y se lo daba de comer a los tiburones, y hasta algunos pudieron coger a un tiburón por la cola y acunarlo como a un bebe!!! pero la verdad es que el animal se retorcía y a mi me daba mucho miedo así que ni los toqué.
JUSTO ANTES DE SALTAR AL AGUA
EL TIBURÓN DE FONDO Y LAS ALETAS DEL GUÍA
Otra excursión fue a la villa en la que viven los locales, en la parte trasera de la isla. Nos llevaron en un barquito. Realmente fuimos porque queríamos pagar con tarjeta y claro, allí sin luz y sin nada no era posible, así que nos llevaron a la villa en la que una señora tenía una maquinita de esas antiguas para copiar la tarjeta y nos lo podría hacer allí. El procedimiento fue auténtico, la señora copió la tarjeta y luego llamó por un teléfono inalámbrico al banco para que le confirmara que la transacción podía realizarse. La verdad es que la villa era auténtica, con la casa del jefe en la que vive junto a su mujer, los hijos viven en casas cercanas cuidados por otras personas, su iglesia, un gran tambor hecho con un tronco para llamar a la gente a las reuniones y a todo lo que surja... y todo a la orilla del mar y entre palmeras, ufff vaya sitio más relajado, aquí morir de un infartito debe ser algo menos que imposible, más podría uno morir de aburrimiento creo yo.
LA VILLA
PABLO SENTADO EN EL SUELO CON LA SEÑORA QUE MANEJABA LA MÁQUINA
AQUÍ EN PLENO PROCEDIMIENTO
El último día que estuvimos allí nos hicieron una barbacoa en la playa con pescados recién cogidos del mar, arroz y pan, todo ello amenizado por las canciones fijianas que, si bien suenan bastante típicas, al rato descubres que suenan todas iguales y que podrías cantar con ellos perfectamente y no se notaría.
LA MESA CON LA COMIDA
NOSOTROS NOS SENTAMOS EN UNA ESTERILLA DE LAS QUE HACEN A MANO CON HOJAS DE PALMA SOBRE LA ARENA
PABLO Y YO CON NUESTRO PLATO
LOS CANTORES DE HÍSPALIS
Por cierto que, estando allí, un día llegó una lancha con una lavadora de plástico a bordo. El colega se bajó con la lavadora al hombro y la plantó en el césped. La enchufaron, conectaron el generador y allí que se puso la mari a hacer la colada de todo el personal. Lo curioso es que lo metía en la lavadora, dejaba que diera vueltas media hora, y al rato lo sacaba, lo metía todo en un cubo y lo volvía a lavar a mano, se ve que la señora no se fiaba mucho del nuevo instrumento. Cuando acabó de lavarlo todo el colega la cogió con las mismas, la volvió a meter en la lancha y se marchó. Yo flipo, vamos. Se ve que sería algo así como una lavadora ambulante que va de hotel en hotel y de villa en villa.
LA LAVADORA, ESA GRAN DESCONOCIDA
Y una vez que pasaron los 3 días volvimos a coger la lancha que nos llevó hasta el ferry que nos llevó a la siguiente isla, Nacula, la que se encuentra más al norte del grupo de las Yasawa, a 4 horas y media de la isla principal. Cuando el ferry llegó a la isla el mar se veía de un color tan impresionante que todo el mundo hacía fotos sin parar. La lancha del hotel Oarsman se acercó para recogernos y nos llevó hasta la orilla. Este hotel era algo más caro, 92 euros al día 2 personas con todas las comidas, pero era mucho más sofisticado que el anterior. Con 8 cabañas y un gran comedor en la orilla del mar, oficina, cancha de voley... más personal trabajando, comida más elaborada, luz casi 20 horas al día, limpieza de tu habitación a diario y muchísimo más impersonal. La playa era incluso más bonita que la anterior, y nuestra cabaña también estaba justo en la orilla. Otros 3 días de relax, charlando con el resto de huéspedes en las horas de las comidas, leyendo, caminando por la playa. Vaya pereza que nos entró, y es que es cierto lo de que cuanto menos haces menos quieres hacer, yo no sé ni cómo dormíamos por las noches sin haber movido el cuerpo. Y lo peor es dormíamos como 10 horas! Más su horita de siesta, claro está. Las comidas eran a las 8, a las 12 y a las 7 de la tarde, y que no se te ocurriera llegar tarde porque venía alguno del hotel a decirte que la comida estaba en la mesa y que te estaban esperando todos, vaya agobio, y yo que quería dormir un poco más, que las 10 horas no habían sido suficiente...
LA ISLA Y EL HOTEL DESDE EL MAR
NOS RECIBIO EL PERSONAL CANTANDO EN EL HOTEL PARA DARNOS LA BIENVENIDA
NUESTRA CABAÑA
EL INTERIOR, TODO CRISTALES Y CON EL MAR DELANTE
YO HACIENDO KAYAK
YO HABLANDO CON MI PADRE DESDE EL MOVIL PORQUE, PARA NUESTRA SORPRESA, LA COBERTURA DE LA ISLA PRINCIPAL LLEGA A TODAS ESTAS PEQUEÑAS ISLAS
PABLO FLOTANDO EN EL MAR
AQUÍ RALLANDO COCO, QUE NOS HICIERON UNA DEMOSTRACIÓN QUE CÓMO COGER, PELAR, LIMPIAR, RALLAR Y COMER UN COCO
Otros 3 días en éste hotel y volvimos a marcharnos. Habíamos decidido estar 3 días en cada hotel y así poder visitar 5 islas diferentes. De nuevo el ferry y la lancha a nuestro siguiente destino: Nanuya Lailai y el hotel Gold Coast Inn, a 64 € el día dos personas con todas las comidas incluidas. Cuando llegamos nos quedamos con la boca abierta, y no precisamente por lo bonito del hotel o de la playa, sino porque era lo más cutre que habíamos visto en nuestra vida: una choza cutre con agonía, que daba una mala impresión de la muerte, sin luz de ningún tipo y sin lavabo, sólo tenía un water y una miniducha sacadas de nuestras peores pesadillas. Sobre la marcha pensamos que en vez de dos noches nos quedaríamos sólo una, así que fuimos a pagar a la mujer y a decírselo. En el hotel anterior nos habían llamado a éste para reservarnos las dos noches y allí, pagamos una parte del importe y el resto lo tendríamos que pagar a nuestra llegada. Nos dio un recibo donde quedaba claro el importe de todo. Pues cuando vamos a pagar nos dice la mujer que no, que ella no sabe nada de lo que hemos pagado en el otro sitio (que era un hotel muy serio), que le tenemos que pagar el importe completo y que además, si queremos cancelar la reserva de una de las dos noches tenemos que pagar el 30%. Total, que entre lo que ya había pagado, el importe de esa noche y la cancelación del día siguiente tengo que pagar por ese cutre sitio una noche mas de 100 euros, vamos por dios, ni que estuviera loca yo vamos, ni que hubiera una cola de gente esperando para quedarse allí a dormir. Le digo a la mujer que ni loca voy a pagarle eso, de ninguna manera, que tiene que aceptar que ya he pagado una cantidad y que sólo voy a pagar lo que resta para el importe total de esa noche y que por la mañana nos íbamos en el ferry. La mujer estaba empeñada en que no, que teníamos que pagarlo todo y que si no, no nos movíamos de allí. Y si la mujer era cabezota más lo era yo, así que nos metimos en una pelea que te cagas en la que ninguna se bajaba del burro. Y yo cabreada le decía a Pablo: niño vámonos, levantate que vamos a por las cosas y nos vamos. Y pablo me decía: Pero cómo nos vamos a ir? No ves que tiene dos hijos el doble de grandes que yo, cada uno con un cuchillo (porque se ve que estaban cocinando), estamos en una isla perdida en medio del pacífico y no van a dejar que nos vayamos por las buenas? Tenemos que llegar a un acuerdo... Y yo más mala me ponía, hasta que en el calor de la pelea le dije que nos estaba engañando, y eso fue lo que ya se ve que la mató porque la mujer empezó a gritarme que ella nunca en su vida había engañado a nadie, que la culpa de todo lo malo que pasaba en las fiji era de nosotros, de los conquistadores... en eso que salió el marido todo ofendido y empezó a gritarnos que no querían nuestro dinero ni nada, que cogiéramos nuestras cosas y que nos fuéramos de allí. Y así lo hicimos, nos levantamos sin decir nada mas y nos fuimos. Y sin remordimiento de conciencia, la verdad, porque yo no pretendo engañar a nadie, yo quiero pagar lo que es justo pero que no me engañen porque peleo hasta la muerte. Así que mirando de reojo para atrás salimos rápidamente del chozajo en el que se dirimió la pelea, cogimos nuestras cosas y nos fuimos de ese sitio tan cutre, vamos, lo más cutre que haya visto nunca. Y menos mal que yo había visto en la guía que en esa isla había otro hotel no muy lejos, así que nos fuimos andando por la playa a ver si lo encontrábamos, porque tampoco teníamos muchas más alternativas para dormir. Y así llegamos al Sunrise Beach Hotel, a 52 euros la noche con 3 comidas. Era cutre pero pasable, mucho mejor que el anterior y más barato, a pesar de que la parte que habíamos pagado de adelanto en el otro hotel la perdimos. Decidimos quedarnos allí más que nada porque no teníamos otra alternativa más que dormir en la playa acompañados de los miles de cangrejos, así que nada, al Sunrise de cabeza. Este también era llevado por una familia fijiana pero muy amable, sólo éramos 5 huéspedes.
NUESTRA CABAÑA DEL SUNRISE EN LA ORILLA DEL MAR
Rápidamente dejamos las maletas y atravesamos la isla para ir a la playa en la que se rodó la película El Lago Azul, que es por lo que es famosa esta isla y por lo que todo el mundo viene aquí. El paseo duraba media hora con un sol abrasador en la cabeza, así que cuando llegamos casi que nos desmayamos en el agua con ropa y todo. La playa era muy bonita, pero tampoco mucho más que el resto, contando con que esto son cientos de islas, casi todas son iguales, así que tan bonita como el resto. También en una de estas islas se rodó “Náufrago” pero no vamos a ir a verla porque es una isla desierta a la que sólo puedes ir con una excursión pagando una pasta para ver una isla igual que las otras muchas que hay por aquí. Se le conoce como la isla de Tom Hanks. Esta playa del Lago Azul tiene delante una pequeña isla con un hotel de a mas de 1000 € la noche al que vienen los famosos a esconderse de los papparazzi. Íbamos a quedarnos en ese pero al final nos gustó más el Sunrise, qué le vamos a hacer.
LA PLAYA DEL LAGO AZUL
Por la mañana, en el desayuno, la señora nos informó de que había rumores de que se esperaba un huracán que llegaría a las fiji esa noche o al día siguiente. Así cogimos el ferry dispuestos a enterarnos bien y a obrar en consecuencia. El ferry informaba de que al día siguiente no harían la ruta, por lo que las personas tendrían que irse a un hotel para permanecer en él al menos 2 días, hasta que pasara el Huracán, o volverse a la isla principal. Pensábamos ir a una playa que nos dijeron que era muy bonita, pero el hotel no estaban admitiendo nuevos huéspedes por temor al huracán. Nos informamos de dónde venía y nos dijeron que desde el Este, así que buscamos un hotel bueno y que estuviera en una isla grandecita y en la costa oeste de la misma para que el huracán nos llegara por la espalda y la isla lo frenara. Encontramos uno que daba el perfil, porque la isla tenía como una montaña en el centro y nos pareció que estaríamos más seguros, y con un hotel algo más caro pero con cabañas de cemento. El caso es que estaba lleno y no tenían para esa noche, así que no nos quedó otra que irnos a otro que había justo al lado, en la misma playa pero algo más cutre. El Hotel era el WhiteSandy, 64 euros la noche con 3 comidas. No estaba mal, varias cabañas decentes, con una ducha al aire libre en la parte trasera, un pequeño baño y mosquitera. Nada más llegar nos pusimos las gafas de buzo y nos fuimos a hacer snorkel por la barrera de coral. El agua de esa playa estaba tan caliente que casi daba calor al entrar. El arrecife era precioso, y aunque estaba lleno de peces de todos los colores, lo realmente alucinante eran los corales. Allí estábamos los dos nadando tranquilamente muy lejos de la orilla cuando escuché gritos que me extrañaron, porque yo no había visto a nadie por allí. Cuando levanté la cabeza había un hombre gritándonos a medio camino entre nosotros y la orilla, diciendo que saliéramos corriendo del agua, que estaba buceando y había visto un tiburón inmenso, pero no de los de arrecife nos dijo, que pueden medir como un metro y medio o dos, sino un tiburón inmenso, así, con esas palabras el gachón me hizo nadar a la mayor velocidad que lo he hecho en mi vida. Y yo, allí, sumida en mis pensamientos debajo del agua pensaba que esas cosas sólo pasaban en las películas o en los documentales de la tele. Y ahí estábamos nosotros, huyendo de un tiburón inmenso a toda velocidad. Y llegué a estar tan extenuada que por un momento pensé: mira, si quiere que me coma, pero yo no puedo más, me rindo. Menos mal que ahí estaba mi pablito que nadaba detrás mía empujándome con todas sus fuerzas para que no me parara. Y así, casi muertos, llegamos a la orilla y nos dejamos caer en la arena con los ojos cerrados. Nunca olvidaremos esos minutos de terror con la adrenalina al 100%.
El caso es que salimos del mar pero no en nuestro hotel, sino en el otro en el que queríamos reservar desde el primer momento y que no tenía habitaciones. Una vez recuperados decidimos entrar a preguntar si tenían para el día siguiente y ver un poco el hotel. Y nos encontramos con un hotel muy bonito, con una cabañas preciosas, inmensas, con una piscina y por 80 €, no mucho más que el otro en el que estábamos: Hotel Korovou. Decidimos reservar del tirón para el día siguiente y nos fuimos al hotel a darnos una ducha y a descansar.
Aquella noche no llegó el huracán aunque todavía lo estaban esperando, no había llegado aún a las fiji y no se sabía que rumbo tomaría. No hacía ni una gota de viento y pasamos el calor más horrible en nuestra cabaña sin luz ni ventilador.
A la mañana siguiente nos cambiamos de hotel y nos instalamos en nuestra preciosa cabaña. El día amaneció bueno y nada se sabía del huracán. El ferry trabajó normalmente y trajo a un montón de huéspedes al hotel, un montón de niñas de unos 18-19 años que andan por el mundo recién acabado el instituto y antes de entrar en la universidad. Que me pregunto yo que quién les paga esos viajes a estas niñas que tienen el pavo permanentemente y toman el sol hasta ponerse como cangrejos. El día pasó de la hamaca a la piscina y de ahí a la cama, sin hacer nada de nada. La comida del hotel estaba bastante bien y la piscina le daba el toque porque claro, con tiburón a la vista cualquiera volvía a meterse en el mar. Pero por la tarde nos avisaron de que al día siguiente el ferry no vendría, que había suspendido la ruta por el riesgo del huracán y que todos los que allí estábamos tendríamos que pasar dos noches mínimo porque no había cómo salir de la isla. Nos alegramos de habernos cambiado de hotel y de estar en una cabaña grande y de cemento. Y al día siguiente comenzaron los preparativos: los trabajadores del hotel comenzaron a clavar maderas en las ventanas de las habitaciones para protegerlas, pidieron ayuda a los huéspedes para sacar los barcos del agua y subirlos a la arena lejos del mar, apuntalaron con maderas desde dentro las puertas del comedor y dejaron sólo una pequeña puerta trasera abierta, parecía que, después de 3 días oyendo hablar de él, por fin llegaría aquella noche. Efectivamente el ferry no vino, allí estábamos todos, en una isla del pacífico, sin poder salir de ninguna manera y a expensas de lo que quisiera el huracán. Por la noche, cuando nos fuimos a la cama, el viento ya pegaba fuerte, pero yo conseguí quedarme dormida pronto. No sé cuándo empezó, pero a las 2 de la mañana me despertó un viento tan fuerte que me puso los pelos de punta. Cerramos completamente las ventanas porque las cortinas volaban y la arena entraba en la habitación por todas partes. Pero era imposible cerrarlas del todo por lo que el sonido del aire era ensordecedor. Tengo que reconocer que pasé pánico aquella noche, me la pasé entera con los ojos como platos, rezando porque no fuera a más, preguntándome si aquello se pondría más feo y temblando como una hoja. De vez en cuando me levantaba para mirar por una de las rajitas de las ventanas, pero se venía las plantas tumbadas por el viento y la arena volando por todas partes. A las 5 de la mañana se hizo aún más fuerte, el sonido era muy fuerte y sordo. Y así, sin poder hacer nada y esperando que fuera lo que la naturaleza dictara, se hizo de día. Y aunque el viento seguía me relajé un poco y me quedé completamente dormida. Me perdí el desayuno y me levanté directamente a la hora del almuerzo. Preguntamos qué había pasado y nos dijeron que el huracán no había pasado por allí por suerte, había pasado por las islas más al norte y había muerto una persona, a nosotros sólo nos tocó el fuerte viento que no llegó a más que a una mala noche y a que todo amaneciera (incluido el interior de nuestra maleta, increíble) lleno de arena. El día siguiente fue desesperante. El viento seguía casi igual de fuerte, el cielo estaba negro y el ferry tampoco trabajó. No se podía estar en el exterior por lo que estaba todo desierto, la gente andaba en sus habitaciones o en el comedor. Que día más aburrido, sin poder salir ni hacer nada y todos allí sin posibilidad de marcharnos.
EL EXTERIOR DE NUESTRA CABAÑA
EL INTERIOR, TENÍA UN SALÓN CON SOFÁ, EL BAÑO Y EL DORMITORIO, TODO UN LUJO
LA PISCINA
SUBIENDO ENTRE TODOS LOS HOMBRES EL BARCO A LA ARENA ANTES DEL HURACÁN
Nos quedamos dos días más en el hotel porque estaba muy bien, por la piscina, la habitación... Por la noche el personal de hotel bailó para nosotros unas danzas típicas fijianas, también visitamos otra playa de la misma isla que estaba completamente desierta... los días pasaron tranquilos, 4 días geniales.
EN LA HONEYMOON BEACH
EL PERSONA BAILANDO DANZAS TIPICAS
Nuestro último destino fue la isla Matacawalewu y el Long Beach Hotel, que se sitúa en una de las mejores playas. Efectivamente la playa era preciosa, muy larga y muy salvaje, aunque cuando bajaba la marea podías andas durante una hora y jamás te pasaba el agua de las rodillas, y el agua estaba tan tan caliente que a algunas horas era imposible entrar en el mar porque te daba sofoco, como cuando entras en las piscinas termales y tienes que salirte porque te aflatas, en serio que debía estar como a 38 grados, una pasada. El hotel estaba regular, porque a pesar de ser nuevo y las cabañas estar muy bien lo tenían muy sucio y la comida era de pena, tenía que comer con la lengua para abajo y sin mirar el plato por el simple hecho de alimentarme, ya nos habían avisado y creo que era peor aún. Allí pasamos nuestras dos últimas noches, luego vuelta en el Ferry a Nadi, en la Isla principal y, hoy mismo hemos volado desde Nadi hasta Melbourne, 5 horitas de vuelto para llegar a nuestro siguiente destino para los próximos 4 meses: Australia.
EL COMEDOR DEL HOTEL LONG BEACH
LA CABAÑA
LA PLAYA DEL LONG BEACH
UNA CASA DE UNA VILLA QUE HABIA JUNTO AL LONG BEACH
Como resúmen de las Islas Fiji, bueno de las islas Yasawas que son las únicas que hemos visitado del país, diré que son muy bonitas, con mucho encanto y muy salvajes, con lo que ello conlleva. Pero también me ha parecido muy caro, extremadamente caro para lo que se ofrece. Y con esto quiero decir que si me voy a Asia o Centro América con 80 euros me pago un hotel de súper lujo 5 estrellas, y aquí eso es lo que cuestan los hoteles que son súuuupero cutres (no dejan de ser cuatro cabañitas en la arena, la mayoría con sólo unas horas de luz y ningún tipo de instalación más). Y no es que yo esperara más de las fiji, entiendo que no hay infraestructura y que construir algo a lo Bahía Príncipe perdería todo el encanto pero lo que no pueden es cobrar ese precio por una cabaña en la arena no? Que con 20 euros en México me quedaba en el mejor hotel del centro de la ciudad, o por 100 Euros en un hotel Todo Incluido de 5 estrellas, y teniendo en cuenta que lo que ofrecen es lo mismo, una playa preciosa, creo que aquí los precios deberían ser considerablemente más bajos.
Y luego las comidas... bueno aquí se pasa un hambre que lo flipas. Y no es que lo diga yo que soy una comilona, sino que es el continuo tema de conversación entre los guiris que andan siempre desesperados a que llegue la siguiente comida. Es que aquí cuando vas a un hotel el precio incluye la habitación y 3 comidas. El desayuno a las 8, el almuerzo a las 12 y la cena a las 7. Contando con que cada comida es un único plato con arroz hervido y otra cosa y que no se puede repetir pues dime tu cómo aguantas 7 horas desde las 12 las 7 sin que las tripas te rujan sin parar. Y lo peor es que como no hay nada, quiero decir que en tu isla está tu hotel y nada más, pues no puedes comprar nada, en el hotel venden patatas y galletitas satánicas a un precio de robo, es tu única salvación para pasar las horas esperando a que te den la siguiente comida. Pero las galletas están, en el mejor de los casos, manías. Evidentemente hay hoteles mejores y hoteles peores en este aspecto, pero todos dan solo 3 comidas escasas. Lo divertido es que en todos los hoteles llamaban con un tamtam cuando la comida estaba lista, y entonces todo el mundo acudía al comedor. Y ese también lo usan en las villas para communicar cosas a todo el poblado o para llamar a la misa o a una reunión.
LA SEÑORA TOCANDO EL TAM TAM
Y bueno, no quiero decir con esto que no me haya gustado, me ha encantado el viaje, pero también me gusta siempre decir los puntos negativos para hacer honor a la verdad y no caer en idealismos.
Por último, una cosa muy curiosa de las Fidji es que todas las mujeres, absolutamente todas, llevan el pelo cortito, se ve que han oído la llamada del “pelate cortitaaaaa” que en España las señoras oyen cuando cumplen cierta edad, pero que aquí la oyen cuando cumplen 10 años. No ves a ninguna con el pelo largo y ellas dicen que esa es su cultura. Se casan antes de los 20 y tienen varios hijos, y es una cultura bastante machista, varias mujeres, al enterarse de que estamos casados, con 32 y sin hijos me han dado la charla de que le tengo que dar hijos a mi marido y de que debo hacerlo feliz y estar siempre sonriente cuando llegue a casa, que yo eso lo veo muy bien y lo intento siempre, pero que digo yo que no será sólo responsabilidad mía no? En fin, cosas de cultura.
Bueno, con eso de que hemos llegado a Australia volvemos a tener internet permanentemente. Ahora hemos estado 16 días desconectados porque en las islas no había comunicación, pero desde ahora no dejaremos que pase tanto tiempo antes de contaros qué está pasando por ésta parte del mundo. Muchos besos a todos.
Pablo Troncoso Web Developer